La práctica de reproducir plantas de interior se ha convertido en una actividad gratificante para muchos entusiastas de la jardinería que desean ampliar su colección de manera económica y sostenible. Además de ser una alternativa ecológica, este proceso permite conectar con la naturaleza desde casa, ofreciendo múltiples beneficios.
El primer paso en este emocionante viaje es elegir una planta madre adecuada. Es crucial seleccionar un ejemplar saludable, sin señales de plagas ni enfermedades, ya que será la fuente de los nuevos brotes. Entre las especies más comunes para esta tarea se encuentran los pothos, filodendros, suculentas y sansevierias.
Una vez seleccionada la planta, el siguiente paso es recolectar los esquejes. Dependiendo del tipo de planta, es posible optar por esquejes de tallo, hoja o raíz. En el caso de los tallos, se recomienda cortar un segmento de entre 10 y 15 centímetros justo debajo de un nudo, utilizando siempre tijeras de podar limpias para prevenir infecciones.
Después del corte, es recomendable dejar que las heridas cicatricen durante unas horas para evitar que los esquejes se pudran al ser plantados. Aunque algunas personas optan por plantar los esquejes directamente en tierra, muchos prefieren iniciar el enraizamiento en agua. Este método consiste en colocar el esqueje en un recipiente con agua, asegurándose de que el nudo quede sumergido mientras las hojas permanecen secas. Es importante cambiar el agua regularmente para mantenerla fresca y oxigenada.
El proceso de enraizamiento en agua puede tardar entre una y cuatro semanas, dependiendo de la especie y las condiciones ambientales. Una vez que los esquejes desarrollan raíces de al menos 5 centímetros, están listos para ser trasplantados a un sustrato adecuado para plantas de interior, en una maceta con buen drenaje.
Durante el trasplante, se debe hacer un agujero en el sustrato lo suficientemente grande para alojar las raíces, cubriéndolas bien con tierra y presionando suavemente para eliminar posibles burbujas de aire. Después de esto, es crucial regar la planta y colocarla en un lugar con luz indirecta para facilitar su adaptación.
El cuidado posterior es vital para el éxito de la nueva planta. Es necesario mantener el sustrato ligeramente húmedo, evitando el exceso de agua, y brindarle la luz adecuada según las necesidades específicas de la especie. En algunos casos, se puede utilizar un fertilizante diluido para promover el crecimiento, pero siempre con moderación.
La paciencia es una aliada clave en todo este proceso; aunque el crecimiento inicial pueda ser lento, con el tiempo y los cuidados adecuados, se desarrollarán plantas sanas que aportarán belleza y frescura al hogar. Así, reproducir plantas de interior no solo es una técnica accesible, sino también una forma de disfrutar de la naturaleza y fomentar un ambiente saludable en casa.








